
Can Ros, fiel a su origen como taberna marinera de la Barceloneta desde 1908, un año en el que el barrio y su gente ya marcaban el carácter de esta casa. Más de un siglo después, y recientemente galardonados con el Premio a Comercio Centenario, mantenemos vivo el espíritu de aquel local donde se vendía vino y aceite a granel, se rellenaban sifones y se cortaba hielo para las neveras. Hoy, ese pasado convive con una cocina actualizada, respetuosa y profundamente arraigada al mar.
En los fogones está Jordi Kevin Ballester, que hace una década forma parte del equipo de Can Ros. Exigente, meticuloso y con una mirada contemporánea, interpreta la cocina marinera con respeto, cuidado y una forma de hacer que pone el producto en el centro. «Los arroces, que aquí son palabra mayor, los aprendí en el Duran del Pertús», explica a menudo con una sonrisa. A su lado, un equipo de cocina sólido y comprometido, formado por profesionales que conocen la casa y que comparten la misma pasión por el producto y por el ritual de la cocina marinera.
En la sala, Miguel Santos asume la dirección con la naturalidad de quien entiende qué significa hospitalidad en la Barceloneta: cercanía, buen ritmo y una mirada atenta que hace sentir al cliente como en casa. Le apoya un equipo de sala cercano y atento, que mantiene viva esa forma de hacer tan propia de Can Ros, donde cada detalle cuenta y donde el trato es tan importante como los platos que salen de cocina.
Can Ros, la taberna marinera centenaria que mira al futuro con ilusión, arraigada en lo que somos y en un barrio que siempre ha sido nuestra casa.